Apreciado Jacobo G-N
Los turistas, en su mayoría europeos y americanos y algún asiático (que es como decir japonés), recalamos a alguna hora del día en el Cafe Bean o el NYCafe, la marca vietnamita del Starbucks cafe enfrente de la Catedral de Notre-Dame. Ambos bares tienen un listado de cafés, tés y pastelería muy variada, mesas en la terraza, pero también sofás muy cómodos en el interior, que se agradecen después de una caminata de tres o cuatro horas a más de treinta grados.
Estos lugares se aseguran una clientela extranjera con sus altos precios. Quien mas ya ha observado que Starbuck no vende cafe, sino tiempo y tranquilidad o el espacio necesario para trabajar con un ordenador. Un cafe moca con hielo o un té de Ceilán cuestan de tres a cuatro euros. Si es de Kenia no variará el precio. De los muffins, las tartas de queso o de frambuesa o los zumos más de lo mismo. Nadie le presta demasiada atención a la variedad o al precio como a la propuesta de negocio que se ha impuesto en todos los rincones del mundo.
Esto no lo entienden los vietnamitas que toman los cafés en la acera, -en el suelo sería más indicado-, y luego sestean encima de la moto. Como decía antes, caminar tres horas, aunque sea intercalado de subidas y bajadas de autocar, deshidrata y cansa sobremanera. Coffe Bean tiene tres propuestas imbatibles, de las cuales una ya está referida, los sofás + tiempo. En segundo puesto está el aire acondicionado, pero es justo decir que todos los establecimiento lo tienen. Entrar en un gran almacén ya no es solo viajar a otro país, - la Francia de LVMH-, y darse un baño de auto indulgencia, sino aterrizar en otro clima, en otro continente.
A media tarde suele caer un chaparrón tropical. Esa quizás es la peor hora para intentar conseguir un sofá. Al segundo día en el trópico alguien se te ha adelantado. El primer puesto en importancia de los CBC es el servicio de wifi gratuito. Aunque es posible recibir correos electrónicos por 3G el roaming en los países asiáticos es carísimo. Si no me crees echa un vistazo a las mesas y veras como la gente está volcada en sus pantallas. Se puede viajar al otro extremo del mundo, pero todavía no podemos prescindir de internet.
Cordialmente
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